lunes, 24 de agosto de 2015

PABLO EMILIO MONCAYO CINCO AÑOS DESPUÉS DE SU LIBERACIÓN

Fue el secuestrado con más tiempo de cautiverio del mundo: doce años en la selva en manos de las farc. Hace cinco años lo liberaron y en abril colgó el uniforme. SoHo lo buscó y nos habló de las amenazas que no cesan contra él y su familia, del libro que está escribiendo y de sus planes para el futuro.


El acento pastuso se le siente, pero muy suave, aunque no nació en Pasto sino en un pueblo cercano, Sandoná, a dos horas de la capital de Nariño. “¿Dónde está?”, me pregunta por el celular. Le respondo que en el lugar donde acordamos, en el centro comercial. “Pero dónde”, dice, se voltea y en ese momento me ve. No está uniformado y va tomado de la mano de una joven. Sigue siendo delgado, pero está un poco más repuesto de lo que se veía en las últimas fotos que existen de él en internet. Su pelo sí se ve diferente, no tiene corte militar. Su cara es calcada a la de su papá, en una versión más joven. Se acerca, extiende la mano y se presenta: “Pablo Emilio Moncayo”.

Hace cinco años, su nombre fue noticia y le dio la vuelta al mundo. El 30 de marzo de 2010, después de poco más de doce años de cautiverio en manos de las Farc, el suboficial Moncayo fue liberado. Fue el final feliz del que en su momento fue el secuestro más largo de la historia. El militar, cuando fue capturado, tras el ataque guerrillero a la base de Patascoy, tenía el grado de cabo primero del Ejército. Al salir, había sido ascendido a sargento viceprimero. Su caso siempre estuvo en los titulares de los medios gracias al esfuerzo de su padre, el profesor Gustavo Moncayo, que caminó más de 5000 kilómetros para exigir la liberación de su hijo.

Mucha gente pensó que al recuperar la libertad, Pablo Emilio abandonaría de inmediato la carrera militar. No lo hizo. Siguió la vida en los cuarteles y durante un lustro guardó prudente silencio. En abril de este año se retiró sin alharaca. Dice que por seguridad prefiere seguir manteniendo un bajo perfil. Vive entre Bogotá y Villavicencio. En la capital del Meta habló con SoHo, en un territorio neutral e impersonal, un centro comercial. Ahí respondió todas las preguntas de manera franca y directa, pero sopesando cada palabra como si caminara sobre huevos, con un estruendo de reguetón como telón de fondo.

Después de permanecer secuestrado doce años en la selva, ¿por qué siguió en el Ejército tras ser liberado?

Nosotros escuchamos que habían hecho una nueva ley de pensión para el personal de fuerza pública, que el tiempo medio de pensión era de 18 años y el de pensión completa, 25. Teniendo ese panorama, dije no, aquí no me quedo. Salí con la intención de retirarme. Cuando les presenté mi inquietud a mis superiores, me dijeron que yo hacía parte de otra ley, que el tiempo de pensión mío era de 20 años. Como me faltaban prácticamente cuatro para pensionarme, dije yo espero.

Pero justo después de quedar libre viajó a Europa…

Estuve en Italia, tres meses. En Cosenza, al sur, realizando estudios políticos.

¿Cómo terminó allá?

Con una beca que me facilitó la Summer Peace University con el instituto Iscapi (Istituto Superiore Calabrese di Politiche Internazionali) y la Fundación Íngrid Betancourt.

¿La consiguió usted por su cuenta o se la dio el gobierno?

Fue un regalo que me hicieron. Los que me la dieron se contactaron con mi familia y me dieron la beca, costearon los viáticos, la estadía, absolutamente todo. Después de los tres meses conseguí el título de tutor de la paz y regresé a Colombia a trabajar.

¿Cómo fue el salto de la selva a Italia?

Impactante. El choque cultural fue drástico. En la selva me tocaba guardar silencio. Si hablaba con usted, lo mataban. Hablábamos escasamente cosas básicas. Y salir y encontrarme con gente que quiere hablar, escucharlo a uno, me impactó. Después de doce años, uno está programado para ser prudente con lo que dice y hace. Y allá era distinto porque la gente es muy amable, abierta, cordial.

¿Cómo era su rutina?

La universidad tenía un programa muy especial, en el que se realizan estudios que están enfocados precisamente a buscar la paz en zonas o países en conflicto. Muchas veces los profesores iban a la universidad y en otras ocasiones íbamos a otras universidades y asistíamos a conferencias. A mí me tocó vivir con dos egipcios y fue una convivencia muy bonita. Aparte de eso, me tocó prácticamente ser guía de uno de los muchachos egipcios que no sabía inglés, recorrer la ciudad, ayudarlo a comprar ropa. Me tocaba hacer las veces de traductor. Fue muy bonita la experiencia.

¿Por qué sabía inglés?

Yo había estudiado inglés en el cautiverio, tenía un soldado que hablaba inglés y con él practicábamos. Varios soldados que se habían interesado en aprender inglés armaron un salón de clases y aprendieron mucho.

¿Había estudiado antes o aprendió con este soldado?

Lo que sucede es que uno de mis planes, antes de ser secuestrado, era estudiar Ingeniería Electrónica, y una de las universidades que la ofrecía en esa época era la Santo Tomás, le estoy hablando de 1996, y uno de los requisitos para estudiar era dominar el inglés. Entonces yo había comprado un curso y lo estaba estudiando en la base de Patascoy en la época de la toma.

¿Tenía tiempo libre?, ¿conoció algo más de Italia?

Sí había tiempo libre, pero nosotros preferíamos dedicarnos a estudiar. En Italia, debido a las migraciones y todo eso, la policía está muy pendiente de los inmigrantes ilegales, y en una ocasión a uno de los compañeros, que era morenito, lo detuvieron, lo metieron a la cárcel y lo tuvimos que ir a sacar. A mí también, en Milán, me detuvieron como cerca de hora y media. Ya a lo último, aburrido, me tocó decirles: busquen mi nombre en Google. Y esa fue la salvación. Ellos fueron, yo veía que se hablaban entre ellos y al rato vinieron y en un medio español me dijeron: “Colega, nosotros también luchamos contra el narcotráfico”, porque la imagen de Colombia en el exterior es eso, narcotráfico, nada más.

¿Y ahí sí lo dejaron salir?

Sí, nos tomamos fotos y todo lo de rigor y ya faltaban como cinco minutos para que el avión despegara y ellos llamaron a la aerolínea. El avión me esperó.
Ah, ¿usted ya venía de vuelta a Colombia?

No, había ido a París, estuve siete días y de regreso pasaba por Milán. Y haciendo la escala me cogió la policía.

¿Y París qué tal le pareció? ¿Por qué fue allá?

Bonito. Es una sola pasarela de modas. Lo que sucede es que para esa época, en octubre, se conmemoraban como diez o doce años del secuestro de unos policías en el Caquetá, que fueron compañeros míos. La esposa de un señor coronel, que en paz descanse, vivía en París porque también había salido por amenazas de Colombia, y me invitó a una manifestación a favor de los secuestrados que quedaban y para exigir su liberación. Estuve paseando, conociendo, fue otro cambio drástico, otra experiencia.

¿En algún momento pudo verse con Íngrid?

Precisamente en mi viaje a París. En la escala en Milán, yo estaba solo en el aeropuerto y tenía que pasar por la zona donde están las tiendas. A lo lejos vi que venía una señora, acompañada de otra, conversando, y cuando giró la cabeza me di cuenta de que era Íngrid. Como yo iba con gafas, con chaqueta, me había dejado crecer la barba, iba disfrazado, dije la voy a asustar. Cuando la tuve de frente, abrí los brazos y le dije: “Usted de aquí no pasa”, así, todo serio. Se puso a llorar, la asusté. Claro, me imagino. Me tocó quitarme las gafas, identificarme, ahí nos abrazamos, conversamos un rato. Ese día la conocí. Tuvimos la oportunidad de intercambiar unos minutos antes de abordar el avión. No la he vuelto a ver.
Después de tres meses en Europa volvió a Colombia, ¿qué llegó a hacer? 

El dilema al regresar de Italia fue que como yo no había recibido capacitación para nivelarme con el resto de suboficiales, a mí me ascendieron por ley a sargento viceprimero, entonces dentro del Ejército dijeron: “¿Qué lo ponemos hacer?”. Y me metieron a un curso de inglés para oficiales. Yo era el único suboficial dentro de un grupo de diez o doce oficiales. Estuve casi todo el 2011, hasta diciembre, realizando el curso. Ahí logré presentar unas pruebas, en las que quedé prácticamente de primero, y me gané una beca…

Su nivel era muy bueno…

Sí, yo estaba en la misión americana, en las pruebas que se presentaron, de 100 puntos llegué a sacar 92... 30 por encima del promedio de los demás. Me gané una beca de la Alcaldía de Bogotá para estudiar inglés comercial. Entré a estudiar, pero las luchas internas dentro de Ejército, por la diferencia que hay entre oficiales y suboficiales, hicieron que empezaran a ponerme más trabajo, más trabajo, más trabajo. Comenzó entonces la presión: que si usted no viene hoy a la formación, entonces sanción. Me tocó dejar el estudio.

¿En qué batallón estaba en ese momento?

Estuve en Bogotá casi todo el tiempo. Primero, en la Escuela de Misiones Internacionales y Acción Integral, la Esmai, que queda en el Cantón Norte. Luego, en 2013, me trasladaron a la Escuela de Logística, en los cerros orientales, en San Cristóbal Sur. Ahí duré seis meses y solicité el traslado. Me mandaron al Baser 21, en Las Juanas (Batallón de Intendencia), en Puente Aranda. Cuando llevaba un mes en el batallón, hice cálculos.

¿De qué?

El tiempo de vacaciones que me debían me daba para irme y ya retirarme definitivamente. Solicité las vacaciones con retiro. Me dieron los nueve meses de vacaciones que me quedaban pendientes y llegué a presentarme y firmar lo del retiro, que fue el 21 de abril. El resumen de estos cinco años fue trabajar como profesor de inglés en el Ejército y algunas veces andar escondido. En dos ocasiones me salvé de que me ‘sicarearan’ allá en Bogotá.

¿Por qué?

No sabría decir el motivo. Lo que sí me sirvió fue hacer buena amistad con la gente del barrio y entonces las personas llamaban a comentarme: “Están preguntando por usted unas personas, así, así, asá, están armadas”. En Bogotá duré una época en la que me quedaba en la casa de amigos, me tocó hablar con ellos y pedirles prácticamente posada por una noche. Así duré aproximadamente casi dos años. Y en una ocasión en el centro de Bogotá me tocó correr como diez cuadras para escaparme.

¿Cómo así?, ¿qué le pasó?

Resulta que un día me fui a buscar unos equipos de cómputo y también una ropa que quería comprar. Alguien me sugirió ir a Sanandresito de la 38 y al de San José. Me fui en TransMilenio. En una esquina me di cuenta de dos tipos que me empezaron a seguir. De manera disimulada me devolví a ver algo en una vitrina y alcancé a oír que decían: “Aquí a dos cuadras está no sé qué zona y allá matamos a este hijuetantas”. Me di cuenta de que era conmigo. Comencé a caminar rápido, aproveché y me crucé un semáforo y ellos también, pero apenas crucé, salí a la carrera. Me tocó correr como diez cuadras… y los tipos detrás. Hasta que encontré un policía, un grupo de policías. Me les acerqué, me les presenté, y les dije que me estaban siguiendo dos tipos así, así, asá. Los manes venían como dos o tres cuadras quedados, pero apenas vieron que me acerqué a la policía se perdieron. Llegó patrulla, buscaron por ahí pero no encontraron a nadie.

¿Denunció esta situación ante sus superiores?

Sí, todo eso se denunció, pero no se ha hecho gran cosa. A mí muchas veces me toca andar disfrazado, con gafas, con gorra o ponerme chaqueta. Una anécdota: estando en la Escuela Logística me dieron una misión encubierto, disfrazado. Me dijeron: “Usted es el único que queda aquí para cumplir esa misión”. Les dije que estaba imposibilitado. “No, eso no le pasa nada. Nadie lo conoce”. Me dieron 15 días para dejarme crecer el cabello, la barba. Me compré una gorra de esas que están de moda entre los jóvenes, plana, de un solo color, una camisa de jugador de baloncesto, unos zapatos tenis rojos, con una parte brillante. Ni más ni menos me vestí como un joven reguetonero y me fui. Llegado el mediodía me dio hambre. Me metí a un restaurante, pensando que nadie me iba a identificar, y los turistas que estaban ahí almorzando: “Señor Moncayo, qué gusto tenerlo acá, una foto, por favor”, y yo con esa pinta y con la gorra. Eso fue para no creer. Y yo que pensaba que ya nadie me iba a identificar.

¿Qué piensa ahora del Ejército?

Es una institución muy bonita, me ha dado mucho y yo le he dado mucho también, así no me lo reconozcan.

¿Había un rumor de que estaba distanciado y peleado con su papá?

No, no, no, no, lo que sucede es que a veces nos toca alejarnos un poquito por seguridad precisamente, por amenazas y todo eso. A él le toca irse por un lado, a mí me toca, como hoy, estar aquí en Villavicencio. Nos mantenemos en contacto porque él también está trabajando en la fundación Nación Sana Internacional.

¿Cómo es la relación con su mamá, que no ha tenido tanto protagonismo como su papá?

Me la llevo muy bien. Mi mamá es muy especial, una profesora de Filosofía, una persona que escucha mucho.

¿Se habla con ella y con sus cuatro hermanas?

Sí, estamos en contacto. Hubo una época en la que llegaron a clonar mis números de teléfono para llamar a mis familiares y amigos a amenazarlos. Ellos contestaban la llamada pensando que era yo, y se largaban a insultarlos, a decirles cómo estaban vestidos y dónde les iban a pegar el tiro.

¿Quién le tiene tanta rabia para amenazarlos así a usted y a su familia?

Es extraño que haya sucedido eso. Pienso que no he dado motivos, he tratado incluso hasta de mantener un bajo perfil para que no suceda ni digan nada.

¿Cómo es la situación ahora?

En estos momentos, mi hermana tiene que irse a vivir a otro lado, la que caminó con mi papá, Yuri Tatiana, porque estamos recibiendo mucha presión, mucha amenaza.

¿Leyó el libro que ella escribió, Abran la puerta que quiero ser libre?

No lo he leído porque estoy escribiendo el mío… es más, no he leído ninguno de los que han publicado otros exsecuestrados. Quiero que mi libro no vaya a tener influencias, que sea distinto, agradable de leer, interesante, liviano y a la vez intelectual, porque hay muchas cosas que la gente desconoce.

¿Qué tan adelantado tiene el suyo?

Estoy puliendo unos capítulos. Es que recuerdo cosas por pedazos. Estoy grabándome. Me toca así, porque me siento en el computador a escribir y se me olvida todo. Lo único que hago es corregir tildes, signos de puntuación, pero me pongo a hablar con alguien y ahí sí empiezan a salir anécdotas, cositas. Quiero venirme a vivir aquí, a Villavicencio, para recordar las plantas, los animalitos.
En el cautiverio escribió mucho. ¿Qué pasó con ese material?

Escribía poemas, tenía 430 escritos y el día que iba a comenzar la marcha para ir hasta el punto de liberación, me quitaron todo, poemas, cuadernos de dibujo. He estado tentado de escribirles una carta a los jefes de la guerrilla que están negociando en La Habana para pedirles que me hagan llegar mis cuadernos.

¿Por qué le quitaron eso?

La guerrilla considera que uno ahí de pronto tiene información que va acumulando acerca de ellos, prefieren cuidarse.

Cuatro de sus cinco compañeros de secuestro fueron asesinados por las Farc después de que lo liberaron a usted: el coronel Yesid Duarte, el mayor Elkin Hernández, el sargento Libio Martínez y el cabo Álvaro Moreno. El único que sobrevivió a la masacre fue el sargento Luis Alberto Erazo, ¿ha hablado con él?

He planeado visitarlo. Creo que todavía está en la Policía, vive en Bogotá. He querido compartir con él. En una ocasión lo saludé, no lo he vuelto a ver. Es una excelente persona.
¿Y con las familias de ellos?

Lastimosamente no he vuelto a hablar con ellas. De vez en cuando hablo por chat con la esposa de mi cabo Moreno, que vive en Medellín. Pero la que más me preocupa es la mamá de Martínez, porque el drama de esa familia es triste.

¿Qué le pasó?

En 2009 mataron al hermano menor de Martínez por robarle una plata. En 2011 se murió el papá de cáncer y ese mismo año mataron a Martínez. Quedan la mamá y la hermana solas y no han recibido ni una ayuda. Están allá abandonadas en un paraje, en una vereda del municipio de Ospina, en Nariño. Ese drama sí me toca, porque cuando yo iba a salir, Martínez me dijo: “Loquito —él me decía loco—, quiero que me haga un favor: gestione en Ejército que lo de vivienda se lo den a mi mamá”. No se pudo hacer nada, porque lastimosamente en la Caja Promotora hay unos genios que dicen que él tiene que venir acá personalmente. No sé cómo haya quedado eso.

Eso que cuenta parece un mal chiste…

Con decirle que se tardaron tres años, aproximadamente, en aprobarme lo del subsidio, perdí dos negocios que había cerrado porque iba allá y me decían no hay plata. Lo más triste es que yo llegaba a las oficinas y era: “Mi primero Moncayo, cómo está su papá, duro eso por allá, estar secuestrado”. Y yo sí, claro, todo es duro. Vengo a averiguar qué papeles necesito traer para acceder al subsidio. “Usted tiene que traernos un certificado de la Cruz Roja Internacional donde se diga que estuvo secuestrado, un certificado del decreto de las Naciones Unidas no sé qué, otro donde diga que usted es víctima del conflicto de Colombia”. Me pidieron cualquier cantidad de cosas, a lo último, me volaron la tapa.

¿Cómo así?

En una ocasión me tocó insultar, lo reconozco, hablar en francés, le dije hasta de qué se iba a morir a un pelado porque le mostré los documentos y me los volvió a pedir. Que no le servían porque eran de una fecha anterior. Lo insulté, le armé el escándalo en la Caja Promotora. Le dije que lo único que me faltaba es que me pidiera un certificado del ‘Mono Jojoy’, que en esa época ya estaba muerto… Lo cierto es que llegó un señor suboficial, a él le había expuesto mi caso y de una me llevó con el jefe. Allá este me dijo: “No, cómo le van a hacer esto a usted, hermano, venga ya mismo le firmo esto, mañana mismo le actualizamos lo suyo”. ¡Tres años para eso!

¿Tiene algún contacto con los soldados de Patascoy con los que estuvo secuestrado?

Con Luis Aníbal Andrade, un paisano, él está viviendo allá en Sandoná. Cada vez que nos encontramos, conversamos y recordamos una que otra cosa. Nos reímos hasta de nosotros mismos.

¿Le quedó alguna secuela de la selva por alguna enfermedad?

Unos estudios que me hicieron, particulares, porque en el Hospital Militar no han logrado determinar qué tengo. Encontraron que en el tracto intestinal tengo ocho tipos de hongos diferentes y eso me dificulta la digestión. No puedo consumir lácteos, a veces no puedo consumir arroz y así… depende del capricho de los hongos. Me toca cuidarme.

¿Y psicológica? El estrés postraumático que llaman…

A veces siento que estoy encadenado. Voy caminando y siento que me estorba algo en el tobillo, volteo a ver y hasta paro. No le digo a la gente, solo ven que me quedo tantito. Pero siento que me jala la cadena. De vez en cuando tengo una que otra pesadilla. Y a veces siento algo cuando oigo aviones y helicópteros, porque recuerdo los bombardeos y los helicópteros que aparecían en medio de la selva y soltaban el rafagazo.

¿Cuánto tiempo los tuvieron encadenados?

Duramos unos siete meses encadenados. Las cadenas me produjeron una infección que afectó el tejido adiposo y el sistema circulatorio. Quedé prácticamente paralítico, no podía mover las piernas. Pero no me dejé cargar en la hamaca ni acompañar al sanitario. Era un orgullo tonto, pero… es que yo decía, imposible, hermano, que mi papá camine por mí y yo vaya a quedar inválido, no, ni por el chiras, tengo que salir de esta. Aunque había momentos en que me provocaba morirme. Hoy, dando gracias a Dios, puedo caminar. Muchas veces me levanto, me arrodillo y les doy besos a mis piernas porque sé qué es tenerlas.

En varias ocasiones ha repetido la expresión “dando gracias a Dios”. ¿Tuvo alguna conversión religiosa después del secuestro?

Verá, le voy a explicar. Soy católico, lo que pasa es que a lo largo de los doce años pude estudiar la Biblia desde el punto de vista evangélico. Así logré comprender el otro punto de vista. Sigo siendo católico, pero estoy vinculado con iglesias cristianas precisamente regalando biblias y propagando el mensaje de la palabra. Es una amalgama medio extraña.

Este año cumplió 37, ¿celebra los cumpleaños?

Me los celebran, pero no me gusta. Me acostumbré a no celebrar. Un lunes festivo es igual que un viernes o un sábado.

Llegó con su novia tomado de la mano, ¿cuánto tiempo llevan?

No mucho, tres meses. Precisamente, Karen también hace parte de la fundación. Vamos bien, es una excelente persona.

¿Antes tuvo otras relaciones?

Sí, tuve una relación con una chica italiana. A ella la conocí allá, era la única que hablaba inglés en el curso, la única persona con la que podía hablar. Estuvimos un buen tiempo hablando como amigos a través de internet hasta que en una ocasión, en 2011, vino a Colombia. Volvió en 2012 y el año pasado, después de terminar su carrera universitaria. Habíamos quedado de convivir unos meses, de ver si se podía. No llegamos a un acuerdo, porque cada uno tiene proyectos diferentes. Dejamos las cosas quietas, quedamos como amigos.

¿Qué piensa del proceso de paz en La Habana?

Que vale la pena. No es posible que nos estemos matando entre nosotros mismos. Ahora, teniendo esta oportunidad de beneficiar a mucha gente, por qué no aprovecharla. Eso que están haciendo en La Habana es perfecto, pero que se vean los frutos. Con toda esta mano de obstáculos que se presentan al proceso de paz, ya sea porque atacan o dejan de atacar, yo digo que el gobierno y la guerrilla deberían esforzarse por alcanzar un objetivo. En Colombia, la única herramienta que muchos políticos tienen en el cerebro es un martillo y todo problema lo miran como un clavo. Quieren agarrar todo a golpes y a las malas, y así no es.
¿Iría a La Habana si lo invitan?

Con gusto voy. Antes no podía, ahora sí.

¿No le interesa lanzarse a un cargo de elección popular?

Nooo.

Como víctima, ¿qué piensa de la Ley de Víctimas?

Creo que tienen que trabajar mucho más. La han hecho personas que no son víctimas, por lo tanto, no refleja en realidad lo que una víctima necesita. Hay mucho papeleo, mucha vuelta… A eso no le veo mucho futuro. Importante sí es, pero en este momento no es necesaria, porque así como está redactada no sirve.

¿Qué planes tiene?

En este momento, estudiar. Estoy indeciso entre Ingeniería de Sistemas o Electrónica o si inclinarme por Relaciones Internacionales, una carrera que me llama mucho la atención. Con respecto a Karen, vamos a ver si duramos un tiempito y formalizamos algo más serio. Y dedicarme a lo de la fundación.

¿Cuándo crearon la fundación?

Ya lleva un tiempo, pero con otro nombre. Nosotros se lo vamos a cambiar. Aquí se llama Región Sana, pero queremos darle el nombre de Nación Sana Internacional. Lo que se pretende es crear un sistema inmunológico dentro de la sociedad que ayude a combatir todos los hechos de violencia.

En la selva memorizó países y capitales, ¿cuáles le gustaría conocer?

Quiero ir a China, me encanta esa cultura, me fascina: la comida, las artes marciales, el lado artístico… por lo menos los poemas que más me han llamado la atención son chinos, uno queda (hace cara de boquiabierto). Toca volver a leerlos para cogerles el hilo. Y lo mismo Israel, por lo que estoy metido con el tema de la Biblia, me apasiona mucho.

¿Quedó odiando la selva?

No, no hay nada más bonito que la selva, definitivamente. A mí me quedó gustando. No la experiencia del secuestro, de andar encadenado, pero estar metido en ríos cristalinos, ver unos ríos indescriptibles, unas zonas, hermano, que, si algún reflejo hay del paraíso está en esos lugares.



Pies de foto:

El profesor Gustavo Moncayo y sus hijos Pablo Emilio y Yuri Tatiana, pocos días después de la liberación del militar.
*Tomado de SOHO.COM
http://www.soho.com.co/vida-soho/articulo/pablo-emilio-moncayo-despues-de-su-liberacion/39031

lunes, 3 de agosto de 2015

Gracias a la vida, y a la comunidad internacional por el apoyo a la Paz de Colombia.

LA VIDA ES MUY LINDA PARA LLENARLA DE SENTIMIENTOS NOBLES HOY OCHO AÑOS DE MI LLEGADA A LA PLAZA DE BOLÍVAR EN BOGOTÁ D. C. 3 DE AGOSTO DE 2007,   NUNCA PARES,  NUNCA TE CONFORMES,  HASTA QUE LO BUENO SEA MEJOR Y LO MEJOR EXCELENTE !!

GRACIAS POR EL APOYO DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL POR  LA PAZ DE COLOMBIA !

GUSTAVO MONCAYO RINCÓN










Hace 8 años llegamos caminando a Bogotá , por la Paz de Colombia


Amigas y amigos hoy es una fecha memorable de grata recordación, hace ocho años llegué a la capital de Colombia Bogotá, después de caminar durante cuarenta y seis días.

Salí de mi pueblo Sandoná departamento de Nariño, el 17 de Junio del año 2007 y llegué el día 2 de agosto del mismo año, acompañado por mi familia y miles de personas que se sumaron al clamor de un padre de familia,

El profesor Moncayo o El Caminante por la Paz como se me conoce, mi propósito recoger firmas por un acuerdo Humanitario, y el regreso de policías y militares vivos a sus hogares y a la libertad.

Entre ellos mi hijo Pablo Emilio Moncayo Cabrera. Gracias a Dios el muchos compañeros fueron liberados, son ejemplo y fe de vida. Al pueblo Colombiano mis respetos y el brazo de agradecimiento por sus oraciones y todos lo deseos para que se haga realidad este sueño.









martes, 3 de junio de 2014

Carta abierta de un ciudadano en apoyo a LA PAZ DE COLOMBIA

Bogotá, junio de 2014


POR LA PAZ DE COLOMBIA

Como modesto ciudadano, aprovecho la oportunidad que tan generosamente me dan los medios, para hacer un encarecido llamado a los colombianos a votar por la paz. Un llamado a las clases obreras, a las mujeres, a los maltratados campesinos, a las juventudes, etc., para que salvemos el Proceso de Paz que con tantas dificultades cursa en La Habana. A quienes amen al país y crean que merece salvarlo del desastre, para que ignoremos las mentiras de los abanderados de la guerra y apoyemos a los constructores de paz y así evitarle al país un nuevo baño de sangre, el que puede empezar cuando Calígula y Pisistrato decidan cerrar el Proceso de Paz en la Habana a partir del siete de agosto.

Un proceso que tiene dificultades porque los enemigos de la paz lo quieren desaparecer como desaparecieron a la Unión Patriótica, al gran caudillo Jorge Eliécer Gaitán y a todos los candidatos que desde aquella época han querido disputarles el Poder en las urnas.
Son 68 años sufriendo el horror de la guerra, viendo al país bañado en sangre y sembrado de cadáveres y derretirse en el pavoroso fuego de los odios y la sed de venganza, viendo como tantos compatriotas se regocijan y festejan la muerte de sus hermanos en inusual desprecio por la vida

A los obreros porque son la clase más explotada en todas las formas, a las mujeres por ser unas víctimas resignadas de la guerra, las que hacen el milagro de la vida y que hoy están trayendo hijos al mundo, no para Dios y la patria, sino para saciar los apetitos de tantos depravados especialmente los depravados de la guerra. No es justo que la mujer quien sufre el drama de ser madre solo pueda ser dueña de sus hijos mientras los cría, porque no cumplidos los 12 años se los quita la guerra para utilizarlos como carne de cañón y hacerlos victimas de su criminal acción.

A los campesinos, porque son quienes producen los alimentos para el resto de la población y sin embargo, son víctimas de todas las formas de violencia. Los asesinan en masa, los desplazan, los despojan de todo, la guerra les roba a sus hijos a los que lanza en los ríos, a las fieras y por centenares en las fosas comunes como a una peligrosa plaga.

Tres poblaciones a las que pido de corazón votar acuciosa y masivamente esta vez por el proceso de paz. Si no estamos de acuerdo con nuestro candidato presidente, como yo tampoco lo estoy, no importa, no votamos por él, es por un cambio histórico por el histórico paso de la guerra a la paz, votamos por el inicio de una nueva era, la era de la reconciliación, de la reconstrucción del país, de la sociedad y la construcción del futuro que merece y necesita Colombia, es por la tarea que los últimos 17 Presidentes no quisieron o no pudieron hacer, devolvernos la paz.

Pero también es una obligación y debe ser una política de Estado, en especial, mejorar la remuneración de los obreros, garantizarle seguridad a la mujer y darle posibilidades de ascender al Poder. Cambiar integralmente las condiciones de vida de los campesinos y liberarlos del Servicio Militar Obligatorio, a las juventudes, darles todos los medios y oportunidades para que no se dejen tentar por las armas asesinas, sino por el amor al prójimo, por los azadones y el amor al campo, por la ciencia, por las aulas y los libros en aras de la paz.

Motivos que esta vez nos urgen a acudir a las urnas, así estemos hastiados con la abominable politiquería y todo lo demás, por encima de todo está nuestro país y nuestros hijos, está la paz de todos, preciados dones que nos da El Señor y el voto inteligente nos debe dar los anhelados cambios en las inicuas formas de gobernar.

Pero antes de seguir, para que tengan el mínimo motivo para creer y aceptar mis peticiones, debo decir que no soy político, de los que en campaña abrazan y besan a los niños, de los que van a la provincia a comprar conciencias con tejas y bultos de cemento o un plato de lechona, aprovechándose de la ignorancia y las necesidades de la gente, la que cae redondita sin entender que ese es el precio que nos ponen y le ponen al país y, sin entender el inmenso daño que le hacemos.

No soy de los que ordeñan vaquitas en sus hatos para hacernos creer que están con el campesinado, de los que en campaña acuden a la guerra sucia vituperando y denigrando a sus contendores, cuestionando por lo que hacen y dejan de hacer, porque carecen de propuestas, y tal vez de ideas, argumentos, amor y respeto por el país, del cual se nutren y engordan sus arcas en forma fraudulenta, eso es lo que debemos tener en cuenta antes de votar para derrotarlos en las urnas
Soy un modesto campesino, miembro de una familia que fue desplazada 6 veces, perdió 6 finquitas y todo cuanto había, una familia que tuvo que dormir durante años en el físico monte huyendo de la muerte, en los municipios de La Peña, Utica y Caparrapí, donde nos asesinaron vecinos, amigos y varios familiares y nuestros padres murieron de limosna, sin que los políticos nos escucharan en aquellos momentos aciagos de dolor, dolor que consumió las entrañas de muchos millones de colombianos. Poderosas razones por las que hago este llamado a todas las víctimas de la guerra a que dejemos por un momento la desilusión y la apatía, y esta vez no votemos en blanco, a que no nos quedemos en la casa como simples espectadores como si el país no nos importara y el futuro de nuestros hijos tampoco. Démosle una mano a la paz, para no dejar morir ese proceso que viene en muletas pero a paso firme, no permitamos que los enemigos de la paz, el día siete de agosto le den el tiro de gracia, con el cuento falaz de que buscamos una paz con impunidad, a ellos no les interesa la paz con impunidad o sin ella, sino acrecentar y defender sus enormes intereses particulares. La paz de nuestro país, la de nuestros hijos, la de muchos millones de inocentes esta primero que la sangre inocente derramada, está primero que ver a unos delincuentes pudriéndose en la cárcel. Esa es la ley de los más fuertes, quienes la única paz que nos pueden ofrecer es la de los cementerios y las fosas comunes, ningún enemigo entregará las armas para ser asesinado o morir en la cárcel.

Y el verdadero beneficio está en que se pueda poner fin a 65 años de guerra y 47 millones de colombianos puedan pedirse perdón y darse el abrazo de la paz, antes que azuzados por los guerreristas se sigan asesinando violentamente y, puedan reconstruir al país, labrar la tierra, vivir y morir en paz. Por eso no podemos votar por guerreristas, por los que prometen la paz y radicalizan la guerra y el Doctor Santos sabe lo que se propone y vamos a apoyarlo, el pueblo no puede quedar a la deriva, expuesto a la guerra y a otro doloroso baño de sangre. Vamos a votar por el futuro de nuestro país y espero que los candidatos que esta vez fueron premiados por los electores, sepan entender este llamado a las sacrificadas masas, a que vuelvan sus ojos hacia el país y sus generaciones. Que los medios que fueron tan humanitarios y generosos en la liberación de los secuestrados, nos acompañen en la tarea de liberar a la patria, de las feroces cadenas de la guerra.
.
El pueblo hoy tiene que arrancarle de las entrañas a la tierra un poquito de la sepultada democracia para que nadie tenga que reincidir en violencia y exigir que nos devuelvan el sagrado derecho a tener líderes, unos líderes que nos garanticen llegar tranquilos a las urnas y al Poder con candidatos diferentes, porque a todos los han asesinado por decenas a lo largo del conflicto.

Que quede bien claro que los guerreristas no nos pueden devolver la paz porque no conocen el amor sino los odios y la guerra, no saben de reconciliación sino de muerte y venganzas, no saben de libros y servicios sino de armas asesinas y confunden tolerancia con beligerancia.

Por eso al candidato de la guerra le quedó muy bien asignada la “Z” del Zorro, pues actúa como los zorros, los que juegan con las gallinas para poderles dar el zarpazo y se ha enfrentado a un candidato contendor aún siendo en alguna forma de la misma corriente y se han trenzado en feroz disputa a ultranza, insultos, agravios, guerra sucia, antes que pactar unidos el manejo y la salvación de la patria en aras del bienestar del pueblo. Es así como se disfrazan de mansas ovejas para poder entrar a violentar al rebaño, utilizando frases rebuscadas, y chistecitos flojos, para impresionar y engañar al pueblo con promesas y mentiras que nunca quieren ni pueden cumplir, porque nada serio tienen en el fondo

Pero con todo, no los odio, como nunca odiamos en la dolorosa época de terror y muerte, a nuestros enemigos y verdugos, solo deseo que sean equitativos, que sean justos en el momento de repartir las riquezas del Estado y los veo sin odios ni resentimientos y pido Al Señor que los perdone. No será fácil olvidar pero invito a todo el mundo a perdonar y reconciliar, de la mano de Jesús, haciendo expeditos los senderos de la paz.
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También es preciso reflexionar, sobre estas tragedias que son las consecuencias de no saber elegir y carecer de mínima cultura electoral, hay una necesidad imperiosa de aprender a elegir. Por no saber elegir el pueblo perdió el servicio de salud, gracias a la sapiencia infinita de quien gobernó durante ocho años con el fusil en la mano y bombardeando al país las 24 horas del día. Se lo quitó al Estado para ponerlo en manos de buitres voraces que no solo roban el presupuesto sino que también exprimen nuestro bolsillo y luego nos hacen el paseo de la muerte, dejando tendidos en los andenes a centenares de víctimas sin que alguien pueda reclamar justicia.
Convirtió La Salud en el más vil y lucrativo negocio, del que se lucran otros buitres, que al parecer impiden que ese servicio vuelva a las manos del Estado
La salud como la paz, son dones de Dios para protegerlas a toda costa y el voto del 15 de junio es el primer paso, votemos todos por la opción de paz, que hoy nos brinda el Señor Presidente Santos. El país no resiste otros 8 años de terror, ni otros 65 de guerra, los colombianos no podemos permitir que los enemigos de la paz eternicen la guerra, no podemos permitir que nos sigan robando los más sagrados derechos adquiridos, como las horas extras y las mesadas pensionales.
Pero también es preciso Señor Presidente que si de verdad deseamos la paz, debemos ser coherentes. Es urgente decretar el cese bilateral de hostilidades y desarmar los ánimos, que todos marchemos en la misma dirección, no es creíble un Proceso de Paz donde el Sr, Presidente va por un lado pregonando la paz, mientras otros atizan la guerra, con lenguaje y señalamientos polarizantes que ningún favor le hacen al Gobierno, al país ni a la paz.

Hay que revivir la confianza y acelerar las negociaciones, revivir la credibilidad, hacer más fácil los objetivos y así contar con el verdadero apoyo de la gente.

Usted Señor Presidente no puede permitir que unas minorías de la recalcitrante extrema derecha llenas de odios feroces puedan abortar el Proceso y robarle al pueblo la única esperanza de volver a vivir en paz.

Para terminar, pido con humildad al mundo entero, que nos apoye, que no nos deje solos en este trance en que la campaña es de vida o muerte, porque si hoy no luchamos por la consolidación de la paz, tal vez sea sepultada para siempre y la guerra siga destruyendo indefinidamente al país en doloroso baño de sangre.
No son los políticos los que están de por medio, es un país destruido y una sociedad diezmada, es el futuro de nuestras generaciones, por lo que nos urge votar y luchar por la paz y darle histórico y glorioso inicio el día 15 de junio.

Gracias al Señor Presidente Santos, a los queridos campesinos de Colombia, gracias a los medios por su generosa acogida, gracias al sufrido pueblo que me escucha y que el día 15 todos pongamos a germinar una semillita de la paz y que podamos decir con gran esperanza y orgullo, que la paz sea siempre con nosotros.

JOSE URIEL PEREZ B.


martes, 4 de marzo de 2014

CARTA ABIERTA DEL “PROFESOR MONCAYO” - “CAMINANTE POR LA PAZ” DIRIGIDA A LA MESA DE DIÁLOGOS DE PAZ, HABANA , CUBA


CARTA ABIERTA DEL “PROFESOR MONCAYO” - “CAMINANTE POR LA PAZ” DIRIGIDA A LOS NEGOCIADORES EN LA HABANA CUBA SECRETARIADO DE LAS FARC- E. P. Y DELEGADOS DEL GOBIERNO COLOMBIANO

Cali, Marzo 4 de 2014

 Ante Colombia y el Mundo, declaro que he marchado como constructor de paz reconciliación y justicia social, desde una cultura incluyente, para reconfirmar nuestra vocación de pueblo civilista y emancipado, es por eso que desde la No Violencia apelamos a la Organización y la Participación Ciudadana, como respuesta activa a La Violencia Histórica, estructural, social, económica y política que han sufrido nuestras regiones y sus gentes, dado el abandono y la marginalidad histórica a la que han sometido y que acusa una deuda estatal creciente en inversión y desarrollo social. Todos y todas las personas presentes, personalidades, invitados especiales, gobernantes reconocidos humanablemente en el Nosotros, los otros y el otro, en su originalidad, pertenencia, particularidad y diferencia, declaramos que estamos en contra la violencia que lucra y enriquece a una ínfima minoría guerrerista y socializa para las mayoría populares, la muerte, el odio, es destierro masivo, el hombre ausente de un presente digno y de un futuro alentador en el fragor de la guerra fratricida.

La paz como un Derecho de derechos, como el camino a seguir antes, hoy y después de la guerra, es y será una construcción colectiva de vida, desarrollo, dignidad, justicia social, reconciliación y buen vivir. Derecho que otorga crecimiento personal y exige virtudes sociales, solidaridad, inclusión, equidad, tolerancia, auto concepto, en tanto será una terea popular de alta vida, comprensiva, dialogante, colaborativa a la que estamos auto convocados y comprometidos, en especial los que soñamos materializar en el bien común una patria para todos. Llamando la atención a los negociadores en la Habana - Cuba, Gobierno del señor Santos y la guerrilla de las FARC E. P, para que en honor, amor a la patria y los mas caros intereses e ideales del pueblo colombiano, de mantener la MESA DE DIÁLOGOS, hasta la consolidación y celebración del Acuerdo de Paz, a través la Firma entre las partes que pongan fin al conflicto armado en Colombia. Una Patria sin paz, no es una patria. En estado en guerra es un campo de batalla. Toda guerra que destruye al otro niega la paz. El Maestro enseña con el ejemplo.

 La paz se construye socialmente, con avances materiales y trascendencias culturales, en medio de tensas contradicciones, entre opuestos. El mensaje allá en la Habana, a Colombia y al mundo, decirles que la Paz tiene defensores de primera línea, fieles representantes de un pensamiento, comprometido en filosofía de alta vida y de gestos de paz para con los pueblos de un país multiétnico y pluricultural. La vida es bella para llenarla, mantenerla de sentimientos nobles anidados en nuestros corazones. Seguiré marchando por la paz de los colombianos, porque para mí es una razón más para sentir y vivir en carne propia el dolor nuestros hermanos, de nuestros coterráneos, de aquellos que dicen Patria, haciendo lo necesario para construir la paz, poniéndole fin al conflicto armado, como un principio para construir el país post conflicto que anhelamos, como ese sueño de alta vida, donde los niños puedan nacer crecer y realizarse plenamente, donde los ancianos puedan descansar al abrigo de su familia y de sus sueños cumplidos, donde las madres no le lloren a la muerte violenta que se lleva a sus hijos de uno en uno, donde los hombre no dejen huérfanos a sus hijos ni viudas a sus mujeres, donde los jóvenes tengan un trabajo que los dignifique, y todos el delicioso manjar el pan de cada día, donde todos seamos hermanos solidarios y no verdugos de nadie, en una sociedad de iguales. Soy un hombre del pueblo que le pertenezco al mundo y me he liberado construyendo otros mundos posibles. Se necesitan muchos pies para hacer un camino, muchas manos para construir disoñamientos para una nueva reingeniería vital, hechos para una construcción social sin precedentes, encontrarnos con otros, con la imaginación creativa, original y originante, en la responsabilidad integral de los procesos limpios.

Mi mensaje señores negociadores, en la mesa de diálogos, lleva implícito los gritos invisibilizados de los inocentes, de ese mundo de las necesidades insatisfechas, de la ausencia de presente y de futuro, de todos héroes sobrevientes de la tragedia de la miseria. Queremos hechos de paz, una paz dinámica, la paz del empleo, la paz de la vivienda digna, la paz de la gratuidad del estudio, la paz de la salud, la paz del derecho a las tierras, la paz de la soberanía y del progreso de mi pueblo digno. El dialogo es fundamental, la salida política es prioritaria, les invito a los colombianos, a los países garantes y acompañantes, rodear el proceso, a contribuir con ideas, con aportes significativos, unificar los criterios, proyectarnos a un futuro de esplendor, reencontrarnos en el ocaso de la tristeza y en la plena primavera de la felicidad.

 LA PAZ ES MÁS RENTABLE QUE LA GUERRA!
 LA PAZ CON SENTIMIENTOS POR NUESTRA QUERIDA COLOMBIA!

 GUSTAVO G. MONCAYO RINCON
 “El caminante por la paz”
 c. c. #5´332.835
 Email: tavolind@yahoo.es
www.caminantesporlapaz.blogspot.com
http://ingrid41.free.fr/Gustavo_Moncayo.htm


viernes, 31 de enero de 2014

Profesor Gustavo Moncayo al Senado de la República, vote bien marque No. 32 Partido Liberal





Amigas y amigos – Soy el Profesor MONCAYO
            Candidato al SENADO DE LA REPUBLICA con el No.32           
por el partido Liberal   2014 - 2018

¡Creemos en la Democracia y el derecho de los pueblos,
a buscar su destino, por las vías de la razón!
¡La paz es más rentable que la guerra!

MIS COMPROMISOS DESDE EL SENADO SERAN:
     I.        Devolverle la dignidad y los derechos que han perdido las víctimas del conflicto.  En salud, educación, vivienda y trabajo.  Teniendo en cuenta sus necesidades reales.
   II.        Trabajar por reformas educativas que conduzcan a la calidad y gratuidad de la educación. 
 III.         Impulsar proyectos que conlleven a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores informales como:  vendedores ambulantes, bici taxistas, mimos, músicos, teatreros, así como la población vulnerable:  desempleados profesionales, personas de la tercera edad, madres cabeza de familia.  
Con proyectos que sean sostenibles y verificables, que lleguen por medio de una veeduría ciudadana.
 IV.        Recuperar los derechos que han perdido los militares y policías en cuanto a vivienda, educación equitativa, salud y nivelación salarial…

¡Nosotros caminamos por la Paz! y ¿tú?
¡Nosotros podemos, tú decides!
Profesor MONCAYO
No.32 al Senado - Partido Liberal
¡Somos defensores y constructores de caminos por la paz,
por una paz de progreso y de mejores oportunidades!
“Un pueblo ignorante es Instrumento de su propia destrucción”

“Un pueblo que no sabe elegir, no tiene poder de decisión”
Twitter : @profemoncayo32

martes, 21 de enero de 2014

Invitación del Caminante por la Paz Gustavo Moncayo para cambiar la historia de Colombia este 9 de marzo

Amigas y amigos, reciban un fraternal saludo del Caminante Por la paz, Hoy quiero participarles, e invitarles muy afectuosamente, que continúo mi labor incasable por defender y apoyar la Paz del Pueblo  colombiano. 

Dediqué todo mi tiempo por la Libertad de las personas que estaban privados de la libertad, tomados como rehenes, prisioneros de guerra, presos políticos, secuestrados, entre ellos militares, policías, personalidades de la política y personas de pueblo. 

He postulado mi nombre como candidato al Senado de la República en los próximos comicios electorales a celebrarse el día 9 de marzo, del presente año.

Hay una gama muy colorida de candidatos entre aspirantes nuevos y reelecionistas que muy seguramente formaremos parte del nuevo Congreso Nacional, período 2014 - 2018.

Nosotros podemos, Tú eliges, tú voto, es muy importante, la verdadera Democracia está en elegir, saber elegir y ser elegido.

Nosotros podemos cambiar la Historia de Colombia.
¡Nosotros podemos! y ¿Tú?, acompáñame.
Nosotros Podemos...